Un número cada vez mayor de objetos físicos están
siendo conectados a Internet a un ritmo sin precedentes para realizar la idea
del Internet de las Cosas (IoT). Un ejemplo básico de este tipo de objetos
incluye termostatos y HVAC (Calefacción, Ventilación y Aire Acondicionado), los
sistemas de vigilancia y control que hacen posibles los hogares inteligentes.
También hay otros dominios y entornos en los que la IoT puede desempeñar un
papel notable y mejorar la calidad de nuestras vidas. Estas aplicaciones
incluyen el transporte, la salud, la automatización industrial, y la respuesta
de emergencia a los desastres naturales y artificiales donde la toma de
decisión humana es difícil.
El IoT
permite que los objetos físicos puedan ver, oír, pensar y realizar trabajos por
tener conexión entre ellos y "hablar" juntos, para compartir
información y coordinar las decisiones.
El IoT transforma estos objetos de ser tradicionales a las inteligentes mediante la explotación de sus tecnologías subyacentes, tales como la computación ubicua y omnipresente, dispositivos integrados, tecnologías de la comunicación, redes de sensores, protocolos y aplicaciones de Internet.
El IoT transforma estos objetos de ser tradicionales a las inteligentes mediante la explotación de sus tecnologías subyacentes, tales como la computación ubicua y omnipresente, dispositivos integrados, tecnologías de la comunicación, redes de sensores, protocolos y aplicaciones de Internet.

